El Niño Artista...

Creció en medio de los trabajos y ternuras de sus padres, y, desde la más tierna infancia, demostró grandes aptitudes para el arte. Cuando sus padres lo llevaban de paseo, era su delicia pararse ante las vidrieras donde exhibían estampas; las retenía en la memoria, y, llegando a su casa, se ponía a dibujarlas, causando la admiración, no solo de sus familiares, sino también de todas las personas que las veían. Cuando creció, su padre no quiso contrariar esta vocación; al contrario, le compró los útiles necesarios, y le buscó maestros, a fin de que desarrollara sus notorias facultades artísticas. En el pueblo de Burslem, donde vivía, no existía ni Escuela de Bellas Artes, ni ningún museo; pero había, desde el siglo XVII, una fábrica de porcelana, que era la más importante de Inglaterra.

El jefe le tomo mucho cariño, y le hizo enseñar dibujo, pintura, y los secretos de la porcelana. Fueron tales sus progresos, que sus profesores les escribieron a sus padres diciéndole que no habían conocido a otra persona que tuviera tantas disposiciones como su hijo.